viernes, 5 de noviembre de 2010

El día de mañana.

   Dejo tendido el día de mañana como a un mantel sin comensales: Juego fresco de sábana sobre la mesa, mortaja del mediodía.
   Recuerdo que, alguna vez, alcé la copa y brindé por él.
   Después… después me enredé en la sombra de otra página; puse el poema entre líneas, encendí el candil del sobresalto y me bebí la copa en medio del entierro.

   Te saludo, tiempo que ha pasado, puerto al que nunca llegué, barco fantasma.   En tu nombre tantas veces abandoné mi nombre, que te debo una ausencia.



Fragmento de "Cuentos breves y extraordinarios" Bioy Casares y J.L.Borges


" El día del Juicio Final, Dios juzga a todos y a cada uno de los hombres.
   Cuando llega a Manuel Cruz, le dice:
- Hombre de poca fe. no creíste en mí. Por eso no entrarás al Paraíso.
- Oh Señor- contesta Cruz-, es verdad que mi fe no ha sido mucha. Nunca he creído en vos, pero siempre te he imaginado.
   Tras escucharlo, Dios responde:
- Bien, hijo mío, entrarás en el cielo; más no tendrás nunca la certeza de hallarte en él.

Silencio


 Amo el silencio, esa manera brusca que tiene el sonido de hacerse independiente, de cambiar el código.
    Durante un tiempo le creí los disfraces, la aristocracia con que cae sobre todas las cosas para concederles prestigio, el aire que parece quedarse detenido en la punta del mundo como un banderín de remate y esa mano fantasmal que detiene las maquinarias y amordaza a los pájaros, para quitarles el ala compartida.
   Pero el silencio es otro brazo del sonido, el abismo al pie de la montaña, la contraluz de la sombra, la pisada sosteniéndose en otro camino.
   Un día cualquiera supe que había un silencio cayendo desde un rincón taciturno.
   Adiviné el sigilo con que el ruido se apartaba de todo y cómo se quedaba allí, esperando, abandonando la escena para que el otro iniciara el parlamento.

viernes, 29 de octubre de 2010

Desando.



Desando.
Camino para saber dónde
   estoy.          Cuándo.
Me desapuro por si me estoy
      esperando.
Distraigo el abrazo
como si desatarme
           me arrimara a alejarme
Siempre tan necesaria
  como si no hiciese falta.

jueves, 28 de octubre de 2010

Entre Palabras


   Amaba las palabras, el ruido que hacen cuando un nombra las cosas con los nombres secretos, ahuecando la voz entre los labios, mordiendo el espejo del aire entre los dientes.
   Cada día, mientras gastaba viento para secar la ropa o tendía la frazada del agua sobre las baldosas del patio; mientras entraba o salía, iba diciendo "nodriza" o "lámpara"... Iba nombrando el aire hasta que, en algún sitio, la palabra encajaba perfectamente, como un guante.
   "Cántaro", murmuraba cuando florecían las dalias;  pan" le susurraba al plátano verde que sombreaba la casa; "guijarro", y cada manzana le hacía una reverencia.
   Llevaba un diario donde anotaba cada palabra nueva, redescubierta, y después la dejaba libre. Libre. Rodando entre los labios para encontrarle un techo, un lugar, un gusto y un perfume; desentrañar el código que cabría allí dentro y saber qué gesto escondido entre sílabas le señalaba el rastro, la voz verdadera.

   Iba así por la calle, canturreando siempre una misma palabra hasta encontrarle cara. Y luego sería otra y otra y otra...
   Amanecía "frontera", por ejemplo, y cruzaba la plaza; "frontera" hasta el mercado; "frontera" y se agachaba a recoger un diario que el viento arrinconaba en la esquina del puerto. "Frontera", repetía. Y sabía que sí, que lo había nombrado de una vez para siempre:  "Frontera".
   Sacaba la libreta de tapas azules y escribía:  Frontera: página de árbol que cruza por el viento con una voz de otros. Guardaba la libreta, doblaba el diario en cuatro y lo acomodaba debajo del brazo. "Frontera", volvía repitiendo alegre, alta, fresca, caminando con otra estatura. "Frontera".
   No volvía cansada aunque las caminatas terminaran en nada porque, a veces, le quedaban pendientes las palabras, perdidas, como sin dueño.
   Regresaba entonces con ellas en la boca, las dibujaba en los vidrios de la casa y las dejaba esperando hasta otro día, cualquier día, en que volvían a sonar con insistencia y ella salía a buscarles un puerto para amarrarlas como si fueran barcos, y anotarlas en su libreta.

   Esa tarde era "fresno”. "Fresno", "fresno". Caminó hasta la plaza, dio la vuelta al mercado. "Fresno", "fresno". Dobló hacia la estación, recorrió los andenes, "fresno", levantó boletos y volvió a dejarlos en el suelo, "fresno".
   Y de pronto lo vio, sentado en el andén, atándose un zapato.
 Fresno!- gritó.
    Él se puso de pié y se arregló el sobretodo raído. -"Laguna"- repuso con voz grave, y la miró a los ojos que ya se arremangaban como dos volcanes.
- "Frontera"- respondió ella.
   Él recogió el diario que quedaba en el suelo. La miró con la voz en la frente, y con la boca blanda  dijo: -" Almohada".
    Ella bajó los ojos, hasta desmoronarlos.
   - "Almohada"- repitió él, con la voz de cuaresma. Y ella tomó su mano.

   El corazón latía con la caligrafía de una cigarra. Ninguna "dársena", ni "buril", ni "centuria". Ningún sonido ajeno. Sólo el viento sonando en los andenes.
   -"Párrafo"- dijo ella, tímidamente.
   Él asintió en silencio y le puso el sobretodo sobre los hombros. –Claro, –respondió- "gaviota".
   Y se fueron los dos, abrazándose, ahogados como náufragos.
   Ella murmuró: -"Península"- con un hilo de voz.
   Y él contestó: -"Madera".

miércoles, 27 de octubre de 2010

Ese día te gano por K.O.

   Cuando te miro a los ojos y me rehuís la mirada como si te doliera verme, yo entiendo enseguida. No hace ninguna falta que me digas que ahora no, que mañana, que hoy tenés un montón de trabajo atrasado… No me hace falta que busques el atado de cigarrillos y enciendas uno, apurado, y arrojes el encendedor sobre la mesa de la cocina; ni que busques polvillo inexistente sobre la rodilla de tus pantalones o te dobles los puños de la camisa con un detalle sorprendente, buscando la exactitud en el ancho de cada doblez. No me hace falta tampoco que intentes convencerme de que te aprieta la corbata y empieces el ritual de aflojar el nudo, desabotonar el cuello y deslizar suavemente los lazos de seda hasta desatarla.
     ¿Cómo te lo digo?… No me hace falta nada para entender ¿sabés? Hace un montón de tiempo que te sé en los silencios, en las ceremonias de ademanes en los que reincidís cada vez que te miro a los ojos… Si supieras que entiendo cada cosa que no decís casi mejor que si la estuvieras diciendo. 
    La otra noche, por ejemplo, cuando sonó el teléfono, yo sabía que ibas a hacerte el desentendido, que ibas a quedarte sentado en el sillón del living como si no te preocupara nada que yo atendiera y que una vocecita joven, muy joven, preguntara -¿Está Jorge?- Y que yo respondiera: -¿Con qué número quiere hablar?- Y vos, hojeando el diario distraídamente me decís: -¿Es para mí?- Y yo que digo: -No, era equivocado-. Y vos, comentando: -Las líneas andan para el demonio-.
   Y yo que no te digo nada porque este juego lo empezaste vos; a mentir y a callar empezaste vos. Yo te lo sigo en el callar. A mentir no juego porque siempre pierdo y además no hace falta porque no me preguntás nada. Pero a callar sí que te juego. Y te gano. Porque vos no me conocés y tampoco me adivinás. Vos no tenés ni idea de lo que te digo cuando te miro a los ojos y me quedo callada…

   Y cualquier día de estos, cuando me canse, cuando no tenga más ganas de seguirte el jueguito, te voy a contar toda la verdad. Y ese día sí que te gano la partida. Por K.O. te gano. Te lo juro.

martes, 26 de octubre de 2010

Los Hijos de la Basura

  

   La basura no siempre está embolsada en las esquinas de los barrios o cargada en los carritos de los cartoneros, apilada sin orden en los baldíos o pudriéndose en las quemas de las afueras. La basura anda de traje, saluda a periodistas desde los noticieros, se codea en las altas esferas con basura.
   Basura en los papeles de los juicios comprados; basura en los acuerdos entre puertas cerradas. Sí, basura. Vivimos en la propia basura, sobreviviendo por milagro o asfixiándonos adentro de la impecable bolsita de nylon del sistema, bien atadita para que no entre aire.
   Somos los hijos de la basura: Prolijitos, superficiales, violentos, sanguinarios ,seguimos consumiendo basura porque nos han enseñado bien, porque desde hace muchos años que comemos lo mismo.
  Basura y más basura atragantándonos cada día, cada hora, cada minuto: VIolencia, drogas, injusticia, miseria, pornografía, barras bravas, delincuencia. Basura y más basura.
   De la pila de mugre en la que estamos puestos, alguien, de vez en cuando, retira un pedacito y escribe titulares en todos los diarios, para que nadie olvide nuestra herencia de barro, el pequeño incidente de vernos inmundicia para que nos convenzamos de que todo está perdido.
   Pero, lo que no saben aquellos poderosos que hacen de la basura nuestro alimento diario es que, en la basura, florecen girasoles, y dan la vuelta siempre para mirar el cielo y buscar el calor del sol que los enciende, para parir semillas con un destino propio.
 Y serán girasoles a pesar de la mugre. ¡Y serán girasoles!
 

Ellos y Nosotros


   Sigo Haciendo mentalmente Las Cuentas pecado Salir del Asombro.
   Delante de mí heno Una Hilera de personajes changos en contra, Esperando el turno párrafo Pagar la Mercadería. Puedo ver en SUS caras La Misma angustia Que adivino en la mía.
 - ¿Adonde Vamos a Parar? Escucho Las Voces de Los Que me rodean consultando un Otro de las Naciones Unidas, Propietario de la Misma Ignorancia.
- ¡HACER Algo Que Tienen! Por Esto ¡no va más!
    Me detengo y Trato de entendre. Repito: ¿Adonde Vamos? ¡Tienen Algo Que HACER!  Nosotros y ELLOS. La Sutil Diferencia Que se situa en EL MEDIO exacto de la Identidad; Lo Que DISTANCIA de Los Espectadores de los Protagonistas.
   Una Joven señora Con dos nenes Que se trépano en el carrito discutiendo Viene Con El señor Que la acompaña  empuñando Una Calculadora. Uno de Lo nenes està hundiendo El dedito en la tapita del yogur. - ¡Nene, no rompas la Cosas Que caras estan - le espeta, y Ahí nomás le Coscorrón sacude las Naciones Unidas en la Cabeza (Nosotros).
   Frente a Las Góndolas de las latas, heno dos o el tres señoras en Estado admirativo. Ninguna estira la mano. Ninguna sí va.
   Miró detenidamente SUS changos: fideos, harina Azúcar, polenta ... Veo, miro y adivino: ¡ELLOS!
   Vuelvo a una Mirar Las señoras. Una cara le està diciendo En El Oído un algoritmo La Otra, de Con Disgusto ...: (Nosotros)
   En Una caja Cercana al estilo mía, la Cajera reprende la ONU  señor Que No Respeto la cola. (Nosotros). El señor PIDE disculpas y sí acomoda al final, Detrás de Una chica de pantalones ajustados, y No Hace Falta servicios suspicaz párrafo Darse Cuenta de Que se Siente recompensado Con El Cambio (Nosotros).
   El turno de la caja me Espera. Me aterra El Ruido de la registradora PORQUE LA Escucho masticar, tragar El Precio de mis necesidades, y No Tengo ni idea de la Menor de Lo Que me reclamará la tira de Papel.
   Hijo CINCUENTA Con cientoveintisiete. ¡Ufff! Alcanza mí.
   Con Una Mezcla de Alivio y Decepción, guardo en la bolsa Las Tres o cuatro Cosas Que Compre. Y Pago. (Nosotros)
   Voy Saliendo del supermercado y Siento Tantas ganas de PONER EN Algún Lado La Bronca, de agarrármelas Alguien en contra, de encontrar un algúno de ELLOS por ahi párrafo cantarles cuatro frescas y .... 'entonces' Descubro Que No Sé Bien hijo Quienes ELLOS, Un Lo Mejor Que los cruzo de Todos los Días en la calle o los veo en la TV y no los reconozco; Que No Sé de como encontrarlos ni de como van vestidos. Pero los intuyo en mi bolsa de Compras: En El Paquete de la harina, en El Azucar. ELLOS Entran Disfrazados un Alacena mi. Son los dueños de los mi Hambre.

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