miércoles, 15 de agosto de 2012

No Debo.



No sé qué me corresponde
                  pero sé lo que debo.
  No debo hablar en clase
            ni escribir en imprenta
            ni jugar de manos con los chicos.
  No debo escribir en las paredes
             ni matar a los pájaros.
No debo caminar
                            por los charcos
   ni ensuciarme la ropa.
No debo deber lo que no debo
 para quedarme en paz
                           con lo que debo.

Patria.





Dónde quedó esa Patria
    de pericón y chocolate caliente
                     en los días de fiesta?
Dónde se extravió el himno
              sin arreglos
que cantábamos  todos con voz emocionada
mientras llegaba la bandera
    y el chico con la banda
                  como la de los presidentes
que uno envidiaba tanto?
Dónde quedó            pregunto
 a aquellos   que la enseñan        
                       o la conducen
                       o la empuñan.

Bitácora.





Jaque.
 Al  Este

            baldosas de provincia.

           Ventanitas del mundo.
  Oeste.         Paradojas de afiche.     
  Sur.     
Abrazos de veredas.
     Parpadeos de horizonte
           cuando pasa un tren
                             entre los puentes.     
    Norte.            Mate.

Lluvia.




Palabra de agua.
Entredicho de
              vidrio
                    y de marea.
Añico desprendiéndose.
Vertical
           añadida al horizonte.

lunes, 28 de mayo de 2012

Sol que fue



Una península de viento
   dejó rastros calientes en
                   en el césped.
Besos húmedos, rosados
          salpicando el trébol.
 Más allá
                      en el patio,
registro de páginas de fresno
con escrituras frágiles
que se quiebran
como las venas amarillas.
       Sangría  de un verano
            que empapa el otoño
           con el sol que fue.

martes, 15 de mayo de 2012

Palabra quebrada


La palabra se ha quebrado
    en el vértice. Aleteó como una banderola
para batir el viento
allí
en el arrabal prostibulario de donde viene.
    Ella
       abisagrada por el medio
             mariposa patética agusanando el néctar
             pan cotidiano que me llevo a la boca
             mirada que va más lejos que el abrazo
             pisada en el lado de afuera del espejo.
Palabra irremediable
    ella
           puede pisar mi mano en el césped.
    Y construir mi nombre
            sólo para mi ausencia.

viernes, 27 de abril de 2012

Fracaso



  Se me murió. Claro que era mío! Si le inventé un destino y le pinté una estrella. Le cargué los bolsillos con algunos naufragios -mensaje en la botella como un pez panza arriba- y lo puse en la vida para que fracasara.
   Me traicionó sin tregua. Me mintió cada hora. Me dolió como duelen los fracasos de uno y un día, cualquier día, se me murió de golpe sin preguntarme nada.
   Y me dejó quebrada, sin saber cómo andar sin fracaso, con un pie en el abismo.

Tus ojos.


  La sombra de la noche se quedó detenida en el espejo curvo de tus ojos de lata. Crecieron los suburbios de las constelaciones y el frío, fue una página de pupila escarchada.
   Nunca pude mirarte a los ojos de nuevo, porque el silencio afila sombras de fuego en tus pestañas y duele el abrazo que nunca prometiste como duelen las brújulas en todos los naufragios.
   No sé, tal vez, yo supe que moría aquel día. Adiviné de pronto que no tenía esperanzas, que todas las palabras se quedaban heridas esperando la boca secreta de las páginas.
   Claro que volví a verte… Si alrededor del aire anda tu viento verde, alborotándome. Ese aire de césped sudado que me enciende, no cesa de golpear las puertas de mis dedos y me deja una huella caliente entre los dientes.
   Pero ¿sabés? Ya nunca te remonté los ojos. Prefiero adivinarte la seña de la espalda, la línea de tu cuello, el latido en la nuca. Verte de lejos. Adivinar qué camino sigue el rumbo del viento en tu mirada… Pero verte a los ojos, no puedo, amor, no puedo. Son un abismo verde derrumbado en tu cara.

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