viernes, 5 de noviembre de 2010

Silencio


 Amo el silencio, esa manera brusca que tiene el sonido de hacerse independiente, de cambiar el código.
    Durante un tiempo le creí los disfraces, la aristocracia con que cae sobre todas las cosas para concederles prestigio, el aire que parece quedarse detenido en la punta del mundo como un banderín de remate y esa mano fantasmal que detiene las maquinarias y amordaza a los pájaros, para quitarles el ala compartida.
   Pero el silencio es otro brazo del sonido, el abismo al pie de la montaña, la contraluz de la sombra, la pisada sosteniéndose en otro camino.
   Un día cualquiera supe que había un silencio cayendo desde un rincón taciturno.
   Adiviné el sigilo con que el ruido se apartaba de todo y cómo se quedaba allí, esperando, abandonando la escena para que el otro iniciara el parlamento.

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