martes, 28 de septiembre de 2010

Arbol



Tanta pedrada en vano… Tanta tormenta fatua castigando el follaje, que los pájaros han huido hacia un cielo que les prometa abrazos.
Yo, que nunca he florecido, tenía al menos la brújula del aire y el embarazo de las plumas para enredar mis sueños al horizonte.
Ahora yazgo de pié. Y desalada y destrinada, vacía ya del aleteo procaz, apenas sucedo sombra para saber que vivo.

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