lunes, 27 de septiembre de 2010

Para Jessica, la nena que perdió a su gato


Hoy tengo a mi gato a mano, trepado en la ventana, recostado en el dintel, entre macetas. Es blanco como una página cuando no me viene ninguna palabra,es blando como una sábana, arisco y caliente como el sol del verano .
Es mi gato. Pero a veces se escapa por el barrio, va saludando a todos los felpudos, busca alguna ventana clandestina en donde seguramente también habrá macetas y, sin ninguna razón que yo conozca, me deja desgatada por un tiempo, con la leche esperándolo en la taza y la caricia sola .
Se va y tarda en regresar. Pero regresa. Una mañana cualquiera, la carita de tigre enharinada se asoma de nuevo entre los vidrios; me llama y me promete que nunca mas y todas esas cosas cosas que prometen los  gatos y  por un  tiempo se queda enredado entre mis piernas o despanzurrando los canteros patio.Pero yo sé que algún día partirá de nuevo -eterno caminante-. Saldrá a inaugurar otra terraza o a  maullarle a la luna de otro lado. Por que mi gato, al igual que el tuyo y el resto de los gatos de vez en cuando parten, inexplicablemente parten, sabiendo de antemano -con esa sabiduría propia de los gatos- que nos quedaremos esperándolos. Hasta que vuelvan.

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